Qué Hacer Cuando un Cliente Dice "Soy Alérgico": Protocolo de Alergias Alimentarias para Camareros y Cocinas (2026)

Tabres Team
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Casi ninguna reacción alérgica en un restaurante empieza en la cocina. Empieza en los ocho segundos que van desde que el cliente dice "soy alérgico" hasta que el camarero decide qué hacer con eso.

Respuesta corta — el protocolo en siete pasos: para lo que estés haciendo, pregunta qué alergia es y si es grave, comprueba el plato antes de prometer nada, escríbelo en la comanda como texto, dilo también en voz alta en la cocina, cocínalo y emplátalo aparte, y entrégalo diciendo de quién es. Nunca adivines, nunca digas "yo creo que no lleva", y nunca dejes que la alergia viva solo en la cabeza de alguien. Si empieza una reacción, llama primero al 112 y guarda el plato.

Eso es todo. Lo que viene ahora es cómo funciona cada paso un viernes a tope, más las frases que mandan gente al hospital y las que no.

Por qué el traspaso es donde se rompe todo

Pregúntale a cualquier cocinero por un susto y te contará siempre la misma historia. Nadie usó el ingrediente equivocado a propósito. Simplemente, un mensaje no sobrevivió al viaje de la mesa al pase.

Esta es la foto honesta de lo que falla, más o menos por orden de frecuencia:

  • El camarero cogió la alergia de palabra y no la escribió en ningún sitio.
  • Se escribió en la comanda, pero nadie la dijo en voz alta, así que en la plancha ni levantaron la cabeza.
  • El plato estaba bien; la guarnición, la salsa o el pan de al lado, no.
  • El plato lo llevó otra persona y no sabía cuál era.
  • La receta cambió hace tres semanas y la lista de alérgenos no.

Fíjate en que cuatro de esos cinco son fallos de proceso, no de conocimiento. Tu cocinero se sabe la comida. Lo que se rompe es la cadena.

Por eso un protocolo gana a la buena voluntad. Es lo mismo que hacen las aerolíneas con las listas de comprobación: no porque los pilotos sean descuidados, sino porque la gente ocupada se salta pasos que ha hecho mil veces.

Y la alergia alimentaria ya no es rara. La EAACI calcula unos 17 millones de personas en Europa. En España se estima que afecta en torno al 2 % de los adultos y a bastantes más niños, y hay alrededor de un 1 % de población celíaca. Buena parte de las reacciones graves ocurren con comida hecha fuera de casa. O sea, en tu comedor.

Aquí eso pesa más que en otros sitios. La ley española te obliga a dar los alérgenos por escrito antes de que el cliente pida, así que mucha gente llega ya con la información delante y espera que tú sepas defenderla. En las zonas turísticas —Madrid, Barcelona, Valencia, Málaga, Baleares, Canarias— media sala es gente del norte de Europa acostumbrada a cartas con los alérgenos marcados plato a plato. Y con la concienciación que hay aquí sobre el celiaquismo, en buena parte gracias a FACE, un "creo que no lleva gluten" se convierte en reseña de una estrella antes de que llegue el café.

El guion de 60 segundos que todo camarero debería saber

Esta es la parte que hay que entrenar de verdad. No la teoría: las palabras.

Paso 1: Deja de moverte

Suelta el bolígrafo. Mira al cliente. No sigas recogiendo la mesa de al lado mientras te habla.

Esa pausa hace más de lo que parece. Un cliente alérgico lleva años oyendo que le quiten importancia, y te está leyendo por si vuelve a pasar. Dos segundos de atención completa te compran su sinceridad sobre lo grave que es.

Paso 2: Haz dos preguntas, no diez

"Gracias por decírmelo. ¿Qué alergia es, y es grave?"

Dos preguntas, diez segundos. "Cuál" le dice a la cocina qué evitar. "Cómo de grave" le dice a todo el mundo cuánto hay que apretar. Hay una diferencia real entre una intolerancia que te arruina la noche y una alergia que necesita una ambulancia, y el cliente te lo dirá claro si preguntas claro.

No interrogues. No estás comprobando si te dice la verdad.

Paso 3: No contestes nunca de memoria

La frase más útil de todo este artículo:

"Déjame que lo confirme con la cocina, un minuto."

Ya está. Esa frase siempre es correcta, siempre es segura y nunca te hace quedar mal. Adivinar, sí.

Los camareros y camareras que empiezan suelen pensar que "lo consulto" suena poco profesional. Es justo al revés. Un cliente con alergia se fía muchísimo más de "lo consulto" que de una respuesta segura. Si acabas de empezar, nuestros consejos para camareros y camareras que empiezan y cómo hablar con los clientes siendo camarero cubren el resto de la conversación.

Paso 4: Vuelve con una respuesta, no con un "pues no sé"

Ve a la cocina. Pregunta al cocinero o mira tu registro de alérgenos. Vuelve con algo concreto:

"El pollo va bien sin la salsa, la salsa lleva nata. El risotto lleva mantequilla, así que ese no. Y yo me alejaría de los entrantes fritos, comparten freidora con los calamares."

Esa respuesta hace tres cosas: dice que sí a algo, dice que no a algo y explica el porqué. El cliente se queda con el porqué, porque demuestra que de verdad lo has mirado.

Paso 5: Repítelo antes de irte

"Entonces el pollo sin salsa, alergia a los lácteos. Lo he puesto en la comanda y se lo digo yo mismo a la cocina."

Diez palabras que cazan errores. Si lo has entendido mal, es aquí donde el cliente te corrige, no cuando llega el plato equivocado.

Las frases que hacen daño

Hay frases tan habituales que ya nadie nota lo peligrosas que son. Prohíbelas en tu sala.

No digas nunca Di esto
"Yo creo que no lleva" "Déjame que lo confirme con la cocina"
"Lleva muy poquito" "Sí, lleva leche. Te busco otra cosa"
"Me parece que es sin gluten" "Lo confirmo y vuelvo"
"Nosotros no podemos garantizar nada" (para abrir) "Lo que sí te puedo decir seguro es esto…"
"¿Eres alérgico o es que no lo tomas?" "¿Qué alergia es, y es grave?"

Dos de esas merecen atención extra.

"Lleva muy poquito" es la frase más peligrosa de la hostelería. En una alergia grave, poca cantidad no es poco riesgo. Eso es exactamente lo que significa ser alérgico.

"No podemos garantizar nada" no es mentira —ninguna cocina puede prometer un entorno cien por cien libre de alérgenos—, pero empezar por ahí es encogerse de hombros con uniforme. Di primero lo que sabes y luego sé honesto con el material compartido. Con la honestidad el cliente puede trabajar. Con un descargo de responsabilidad, no.

El protocolo completo: quién se encarga de qué

Imprímelo. Cuélgalo donde el equipo lo vea. Siete pasos, cada uno con un responsable.

# Paso Responsable Cómo se ve
1 Recibir Camarero Parar, mirar al cliente, preguntar qué alérgeno es y si es grave
2 Verificar Camarero + cocina Comprobar el plato contra el registro de alérgenos. Nunca de memoria
3 Registrar Camarero Escribirlo en la comanda como texto, antes que ninguna otra cosa
4 Cantar Camarero Decirlo en voz alta en el pase: "Alergia en la 6, frutos secos"
5 Preparar Cocina Tabla limpia, sartén limpia, guantes nuevos, espacio aparte
6 Separar Cocina + pase El plato de la alergia viaja solo, marcado y revisado en el pase
7 Entregar Quien lo lleve Decir el plato y la alergia en voz alta en la mesa

La magia no está en ningún paso concreto. Está en que cada paso tiene un nombre detrás. "Alguien tendría que haber avisado a la cocina" es lo que se dice después de un incidente. El paso 4 tiene responsable, así que esa frase ya no hace falta.

El paso 3 en detalle: que acabe en la comanda, no en tu cabeza

Una alergia que solo existe en la memoria de un camarero está a una distracción de desaparecer. Tiene que convertirse en texto en la comanda, en el mismo segundo en que el cliente lo dice.

Tres reglas para escribirlo:

  1. Nombra el alérgeno, no el alimento. "Sin queso" es una preferencia. "ALERGIA A LOS LÁCTEOS" es una instrucción. La cocina las trata de forma completamente distinta.
  2. Marca la gravedad si la sabes. "Alergia grave a frutos secos" cambia cómo trabaja una partida. "Intolerancia leve a la lactosa" no necesita el ritual completo.
  3. Ponlo en la comanda, no en el plato. La comanda entera necesita la marca, porque el pan, la guarnición y la ensalada de acompañar también cuentan.

Casi todos los TPV tienen un campo de notas del pedido. Úsalo siempre, sin excepción: incluso cuando la cocina ya lo sabe, incluso cuando es el mismo cliente de siempre que viene todos los jueves. Los hábitos te protegen la noche en la que estás despistado.

Los sistemas mejor montados van más lejos y congelan los alérgenos declarados en la línea del pedido, de forma que la comanda de cocina y el ticket muestran lo que se declaró en el momento de pedir. Eso importa meses después, si alguien pregunta qué pasó una noche concreta. Una nota a mano en una comanda de papel que acabó en la basura a medianoche no demuestra nada.

Un pedido con alergia no deja de ser una modificación, así que tu cocina necesita una rutina para esto de todas formas: cómo gestionar pedidos fuera de carta explica cómo decir que sí sin montar el caos.

Paso 4: dilo en voz alta, siempre

Las comandas escritas se leen. Las alergias habladas se oyen. Tú quieres las dos cosas.

El cantado en el pase son cuatro palabras:

"Alergia en la seis, frutos secos."

Y la cocina responde. En voz alta. Esa respuesta es justo el objetivo: convierte un mensaje en un traspaso confirmado. Una comanda saliendo por la impresora no confirma nada, porque nadie sabe si alguien la ha leído.

En una cocina grande, añade una capa más. Quien lleve el pase repite la alergia cuando sale el plato y consigue un "sí" de la partida que lo ha cocinado. Dos confirmaciones habladas por plato con alergia. Son cuatro segundos.

Si tu cocina manda las comandas a partidas distintas —plancha, barra, postres—, asegúrate de que la marca de alergia sale impresa en la copia de todas las partidas, no solo en la del principal. Quien tiene que enterarse de que hay alergia al sésamo es precisamente la partida de ensaladas.

El lado de la cocina: cómo se cocina una comanda con alergia

Cocineros, esta parte es para vosotros. Casi todo es aburrido, y de eso se trata.

Antes de empezar

  • Lávate las manos y cámbiate los guantes. No "los guantes se ven limpios": cámbialos.
  • Tabla nueva, cuchillo nuevo, trapo nuevo. La contaminación cruzada viaja en una tabla que solo se ha pasado con un trapo.
  • Saca tú mismo los ingredientes y lee las etiquetas. La etiqueta del bote de hoy, no la receta del año pasado.

Mientras cocinas

  • Sartén nueva, aceite nuevo. La freidora es el fallo clásico. Una freidora, una tanda de calamares, unas patatas "sin gluten": eso es gluten transferido, siempre.
  • Cocínalo aparte en el espacio, no solo en el orden. Hacerlo primero no sirve de nada si hay harina en el aire sobre la misma encimera.
  • Vigila lo compartido. Las pinzas, la bandeja de la salamandra, el agua de la pasta, las barras de la parrilla, la cuchara del helado en el mismo cubo, el mismo cuchillo que ha estado en la tabla del pan.
  • La guarnición es comida. El sésamo del pan. Los frutos secos picados de la ensalada. El picatoste. La harina espolvoreada en la pala de la pizza.

Antes de que salga

  • Emplátalo lejos de la línea del pase si puedes.
  • Márcalo. Otro plato, una banderita, un pincho de color: cualquier cosa que se vea.
  • Canta la alergia de vuelta al pase.

La que nadie dice: si de verdad no puedes hacerlo con seguridad, dilo. "Ese plato no lo puedo hacer sin riesgo de contaminación cruzada, pero este otro sí te lo hago bien" es una respuesta profesional. Cocinarlo igualmente y cruzar los dedos, no.

¿No tienes claro dónde se esconde cada alérgeno? Nuestra guía de los 15 alérgenos alimentarios recoge los escondites que a más cocinas se les escapan: el apio en las pastillas de caldo es el clásico.

Paso 7: la entrega en la mesa

El último metro es donde se echa a perder el buen trabajo.

  • El plato de la alergia se pone diciendo de quién es. "Este es el pollo sin salsa, para la alergia a los lácteos." Dilo. Siempre.
  • Dáselo directamente al cliente, o como mínimo di para quién es. Nunca "uno de estos es el de la alergia".
  • Que no vaya pasando de mano en mano por la mesa. Parece obvio. Pasa constantemente en mesas grandes.
  • Revisa los extras. El pan, las salsas para compartir, la mantequilla que ha venido con el plato de otro.

Y una más: si el cliente ha pedido bebida, revísala también. Sulfitos en el vino, gluten en la cerveza, clara de huevo en un sour, lácteos en un cóctel, frutos secos en la decoración. Las bebidas se olvidan porque salen de la barra, y la barra no vio la comanda.

¿Manía o alergia? Trátalo igual

Hay clientes que dicen "alergia" cuando quieren decir "no me gusta". Y otros que dicen "intolerancia" cuando lo suyo es una anafilaxia. Tú no puedes distinguirlo, y tampoco es tu trabajo.

Así que: trata toda alergia declarada como real y deja que tu pregunta sobre la gravedad haga la criba.

Por qué esto importa comercialmente, no solo por ética: un camarero que pone en duda la alergia de un cliente pierde la mesa al instante y acaba en internet. Un camarero que se lo toma en serio y hace una pregunta tranquila se lleva una reserva de grupo. La conversación con el cliente enfadado es mucho más fácil de evitar que de ganar.

Dónde la gravedad cambia tu trabajo:

El cliente dice Qué hace la cocina
"Alergia grave" / "Llevo autoinyector de adrenalina" Protocolo completo. Separarlo todo. Decir que no a lo que no puedas controlar
"Alergia, pero no es peligrosa" Protocolo completo igualmente. Los mismos pasos, con más calma
"Intolerancia" Se escribe igual, se evita el ingrediente igual, el riesgo de contaminación cruzada es menor
"Es que no me gusta" Modificación normal. Se trata como una preferencia

Fíjate en que las tres primeras filas son iguales. Es a propósito.

Si un cliente empieza a reaccionar

Esta es la sección que esperas no usar nunca. Léela ahora, no entonces.

Señales para actuar: hinchazón de labios, cara o garganta; dificultad para respirar o voz ronca; ronchas por todo el cuerpo; vómitos de golpe; un cliente que se queda pálido, sin fuerzas o que dice que le pasa algo raro.

Qué hacer:

  1. Llama al 112 inmediatamente. Es el número de emergencias en toda España y en toda la Unión Europea (en algunas comunidades autónomas también funciona el 061 para urgencias sanitarias). Di "sospecha de anafilaxia": esa palabra acelera la respuesta.
  2. Pregunta si lleva autoinyector de adrenalina y ayúdale a usarlo si quiere ayuda. La adrenalina pronto es lo que marca la diferencia. No esperes a ver si se le pasa.
  3. Que no se mueva. No lo lleves a la puerta a que le dé el aire y no lo pongas de pie de golpe. Lo habitual es tumbado con las piernas en alto, salvo que le cueste respirar, y entonces déjale sentarse.
  4. Despeja el espacio y quédate con él. Una persona al teléfono, una con el cliente y una en la puerta para recibir a la ambulancia.
  5. Apunta la hora. Cuándo empezaron los síntomas y cuándo se puso la adrenalina. Los sanitarios lo van a preguntar.
  6. Guarda la comida. El plato, el envase, la comanda, las notas de la partida. Mételo en una bolsa y etiquétalo. No friegues la sartén.

Ese último se olvida siempre con los nervios. El plato es la prueba: para el hospital, para tu seguro y para ti, si más adelante te preguntan qué pasó.

Después: escribe qué se pidió, quién tomó la comanda, qué ponía en ella y quién lo cocinó, mientras lo tienes fresco. Y díselo a tu encargado. No mañana. Esa misma noche.

Entrénalo como un simulacro de incendio. Todo el mundo debería saber dónde está el botiquín, quién llama y cuál es la dirección exacta del local: te sorprendería la de gente que bajo presión no sabe decir ni su número de calle. Consulta también las normas de tu comunidad autónoma: no todas tratan igual que un local guarde autoinyectores de adrenalina de repuesto.

Qué pide la ley en España

La lista de alérgenos es la misma en toda Europa. El papeleo, no. Y España está entre los países estrictos.

Qué Qué se espera
Por escrito y antes de pedir El Real Decreto 126/2015 obliga a que la información de alérgenos de los alimentos sin envasar esté por escrito y al alcance del cliente antes de que pida: en la carta, en una pizarra, en la carta digital o en otro soporte visible. Explicarlo de palabra está bien, pero no sustituye al escrito
Los 14 alérgenos El anexo II del Reglamento (UE) 1169/2011 nombra los 14 que hay que declarar. La lista es idéntica en todos los países de la UE
Quién controla La inspección y las sanciones las llevan las comunidades autónomas. A nivel nacional está la AESAN (Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición)
Registro en cocina Necesitas un registro escrito de alérgenos plato a plato, actualizado el día que cambia una receta o un proveedor
Formación del equipo Se trata como parte del cumplimiento, no como un extra bonito
Emergencias 112 en todo el país

El mínimo europeo, en corto: el artículo 44 del Reglamento (UE) 1169/2011 deja que cada país decida cómo se da esa información para los alimentos sin envasar. España eligió el escrito antes de pedir; en otros países se acepta darlo de palabra si hay un cartel visible y un registro escrito detrás. Por eso los 14 alérgenos son iguales en Bilbao y en Tallin, pero la forma de comunicarlos no.

Tenemos el detalle país por país en requisitos de alérgenos en la carta en Europa, y cómo poner esa información delante del cliente en cómo declarar los alérgenos en la carta digital. Antes de imprimir nada, consulta a la autoridad sanitaria de tu comunidad autónoma y a la AESAN: el método se puede afinar, los 14 alérgenos no cambian.

Formarlo en diez minutos a la semana

Nadie se lee un manual de 40 páginas. Esto es lo que de verdad se queda.

El primer día, con cada persona nueva. Antes de que toque una mesa: las dos preguntas, la frase "lo consulto" y dónde está el registro de alérgenos. Diez minutos. No la tercera semana: el primer día. Incluido el personal de fin de semana y de temporada, porque es justo a quien le van a preguntar.

Una tarjeta plastificada en el cajón de la estación. Los siete pasos y el 112. Esa tarjeta vale más que cualquier carpeta.

Un simulacro de 60 segundos en el briefing, una vez por semana. Coge un plato de la carta y pregunta a alguien: "La mesa 4 dice que tiene alergia grave al marisco y quiere esto. ¿Qué haces?" Ve rotando quién contesta. Cuesta poco y deja las lagunas a la vista enseguida.

Prueba la cadena, no el conocimiento. Una vez al mes, mete una comanda falsa con alergia en un momento tranquilo y mira si se canta, se separa y se nombra en la mesa. Estás probando el proceso, no a la persona.

Explica cada cambio de carta. Plato nuevo, proveedor nuevo, salsa nueva: los alérgenos se repasan antes de que salga. Nuestra guía sobre formar al equipo para dar mejor servicio y memorizar una carta rápido ayudan aquí.

Para llevar, delivery y el cliente al que no ves

Ni camarero, ni conversación, ni segunda oportunidad. Todo el protocolo tiene que pasar por escrito.

  • Antes de pedir: los alérgenos visibles en la carta online, para que el cliente pueda elegir.
  • En el pedido: la nota de la alergia viaja a la cocina como texto, igual que en sala.
  • En la bolsa: el plato etiquetado, y el de la alergia empaquetado aparte.
  • En el ticket: lo que se declaró, para que quien se lo va a comer pueda comprobarlo.

Los pedidos a domicilio se reparten entre cuatro personas en una casa. La que tiene la alergia muchas veces no ha visto tu carta. Etiqueta la caja. Y si llega algo mal, qué hacer cuando falta algo en un pedido a domicilio explica cómo arreglarlo, pero la etiqueta tendría que haber estado antes.

El argumento de negocio, en corto

Cumplir la ley es el suelo. La razón para ser bueno de verdad en esto es que sale rentable.

Los clientes con alergia son reservas de grupo. Nadie con una alergia seria come solo siempre. Vienen con amigos, con la familia, con la cena de empresa. Ellos eligen el sitio y los demás dicen que sí. Contesta bien a su pregunta y te llevas seis comensales, no uno.

Son los clientes más fieles que vas a tener. Pregúntale a cualquiera con pareja celíaca entre cuántos restaurantes van rotando. Son unos cuatro. Entrar en esa lista vale más que un mes de publicidad.

Se lo cuentan entre ellos. Las comunidades de alérgicos y celíacos comparten direcciones sin parar, y las malas se comparten igual de rápido. Un "el camarero puso los ojos en blanco" hace daño de verdad. Si te pasa, lee cómo responder a las malas reseñas antes de escribir nada.

Zonas turísticas: un cliente que no sabe explicar su alergia en español elegirá el sitio cuya carta ya se lo ha contestado. En la costa, en Barcelona o en las islas, eso es una mesa entera que el de al lado acaba de perder.

Por si te sirve: Tabres te deja etiquetar 15 alérgenos por producto en todos los idiomas de la carta, pide la alergia en la nota del pedido y congela los alérgenos declarados en cada línea y en el ticket, así que la comanda de cocina y la prueba sobreviven las dos. Es gratis, y explicamos por qué en abierto. Usa la herramienta que te venga bien; el protocolo de arriba funciona también con comandas de papel. Si estás comparando sistemas, hemos contado qué es exactamente un sistema de gestión para restaurantes y cuáles merecen un vistazo.

Siete errores que provocan incidentes

  1. Coger la alergia de palabra y no escribirla. Solución: va a la comanda antes de que te vayas de la mesa.
  2. Decir "yo creo que no lleva". Solución: "Déjame que lo confirme con la cocina."
  3. Comanda impresa y nadie avisado. Solución: cántalo en el pase y espera respuesta.
  4. Olvidar los acompañamientos. Pan, guarnición, salsa, bebida. Solución: marca toda la comanda, no un plato.
  5. Cocinarlo primero en vez de cocinarlo aparte. Solución: espacio aparte, material aparte, guantes nuevos.
  6. Que lleve el plato alguien que no sabe nada de él. Solución: di el plato y la alergia en la mesa.
  7. Cambió la carta y no el registro de alérgenos. Solución: una sola fuente de verdad, un responsable con nombre, actualizada el mismo día del cambio. Si llevas varios locales, mantén un único registro: los problemas de un TPV con varios locales explica cómo se van separando sin que te des cuenta.

Preguntas frecuentes

¿Qué debe hacer un camarero cuando un cliente dice que tiene alergia? Parar y darle toda su atención, preguntar qué alérgeno es y si es grave, y luego comprobar el plato con la cocina en vez de contestar de memoria. Escribir la alergia en la comanda como texto, decirlo en voz alta en la cocina y nombrar el plato y la alergia al dejarlo en la mesa.

¿Qué le digo exactamente a un cliente con alergia alimentaria? Empieza con "Gracias por decírmelo. ¿Qué alergia es, y es grave?" Y luego, si dudas de algún plato, "Déjame que lo confirme con la cocina". Vuelve con un sí concreto y un no concreto, y repite el pedido antes de irte.

¿Puede el equipo decir que un plato es seguro? Solo si lo ha comprobado contra el registro de alérgenos de la cocina y sabe cómo se cocina. Di lo que sabes seguro y luego sé honesto con el material compartido. Nunca empieces por "no podemos garantizar nada": di primero lo que puedes hacer.

¿Cómo se evita la contaminación cruzada en la cocina de un restaurante? Guantes nuevos, tabla y cuchillo limpios, sartén nueva y aceite nuevo, ingredientes sacados y con la etiqueta comprobada en ese momento, y un espacio aparte para emplatar. Las freidoras compartidas, las pinzas, las barras de la parrilla y la tabla del pan son los sospechosos de siempre.

¿Tengo que servir a un cliente con alergia grave? No tienes que servir un plato que no puedes preparar con seguridad. Es mucho mejor decir "ese no lo puedo hacer sin riesgo de contaminación cruzada, pero este otro te lo hago bien" que cocinarlo y cruzar los dedos. El cliente agradece una respuesta clara.

¿Y si el cliente dice "alergia" pero parece que es una manía? Trata toda alergia declarada como real. Tu única pregunta de seguimiento sobre la gravedad ya hace la criba, sin que nadie se sienta cuestionado. Poner en duda la alergia de un cliente es como los restaurantes acaban en reseñas y reclamaciones.

¿Qué se hace si alguien tiene una reacción alérgica en tu restaurante? Llama al 112 ahora mismo y di "sospecha de anafilaxia". Ayúdale a usar su autoinyector de adrenalina si lo lleva, que no se mueva en vez de sacarlo a la calle, apunta la hora a la que empezaron los síntomas y guarda la comida, el envase y la comanda. No friegues la sartén.

¿Quién es responsable si un cliente tiene una reacción? El negocio, no una persona concreta. Por eso importa tanto el protocolo: un registro escrito de alérgenos, una alergia que llega a la cocina como texto, una confirmación hablada y un plato entregado diciendo de quién es.

¿Cada cuánto hay que formar en alérgenos? El primer día con cada persona nueva, incluido el personal de fin de semana y de temporada, y luego un repaso corto cada vez que cambie la carta, una receta o un proveedor. Un simulacro semanal de 60 segundos en el briefing lo mantiene vivo mucho mejor que un curso al año.

¿Hace falta escribir la alergia en la comanda? Sí. La memoria falla bajo presión y los turnos cambian. Escrita en la comanda significa que llega a la cocina, que se imprime en el ticket y que mañana sigue existiendo si alguien pregunta qué se declaró. Además, en España la información de alérgenos tiene que estar por escrito y disponible antes de que el cliente pida.

¿Y las alergias en los pedidos para llevar y a domicilio? La misma obligación, más difícil. Los alérgenos van en la carta online antes de pedir, la nota de la alergia viaja con el pedido, el plato se etiqueta y se empaqueta aparte, y la declaración aparece en el ticket.

¿La barra también tiene que saber de las alergias? Sí. Sulfitos en el vino, gluten en la cerveza, clara de huevo en los cócteles, lácteos en las bebidas cremosas y frutos secos en la decoración pillan a mucha gente. La barra casi nunca ve la comanda de cocina, así que la marca de alergia tiene que llegar a todas las partidas.


Este es el resumen honesto. La receta casi nunca es el problema. La cadena sí: de la mesa a la comanda, de la comanda a la cocina, de la cocina al pase, del pase al plato, del plato a la mano de la persona correcta. Siete pasos, un responsable cada uno, y una frase que siempre es segura: "Déjame que lo confirme con la cocina."

Haz el simulacro una vez esta semana en el briefing. Se tarda un minuto. Y el cliente que lleva años oyendo "pues no estoy muy seguro" entra en tu local, recibe una respuesta clara y reserva sin decir nada la mesa del cumpleaños, porque fuiste el único restaurante que tenía un plan.

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