Precios de la carta con IVA incluido o sin IVA: ¿cuál te conviene? (2026)
Va la versión corta, antes de nada: en casi todo el mundo no puedes elegir. Si sirves a clientes en España, en el resto de la UE, en Reino Unido, Australia, Japón o el Golfo, el precio de tu carta ya tiene que llevar el IVA incluido. Eso es la ley, no una estrategia. Si estás en Estados Unidos o Canadá, el impuesto se suma en caja por defecto, aunque unos cuantos estados te dejan meterlo dentro del precio si pones un cartel claro. Y donde de verdad puedes elegir, el precio con IVA incluido gana en confianza y en velocidad, mientras que el precio sin IVA gana en el número que se ve.
Esa última parte pesa más de lo que los dueños creen. En España el IVA de hostelería es del 10% para lo que se come y se bebe en el local. En Canarias no hay IVA sino IGIC, con un tipo general del 7%, y en Ceuta y Melilla se paga IPSI. Un plato de 15 € lleva dentro 1,36 € de impuesto. Si mañana tuvieras que enseñarlo aparte, ese plato pasaría a leerse como 13,64 € más IVA y el cliente acabaría pagando lo mismo, pero con la sensación de que le han subido el precio en la cuenta.
Así que vamos a ver qué forma de poner precios encaja con tu restaurante, qué dice la ley en 2026 y cuál es la cuenta que, en silencio, le cuesta dinero a los hosteleros todos los días.
Precios con IVA incluido o sin IVA: la diferencia en 30 segundos
Precio sin IVA (o "más IVA", o "IVA no incluido") significa que la carta enseña el precio antes de impuestos. El cliente ve 14,00 €. La caja dice 15,40 €. El impuesto va encima.
Precio con IVA incluido ("IVA incluido", "precio final", "todo incluido") significa que la carta enseña el número definitivo. El cliente ve 15,00 € y paga 15,00 €. Dentro de esos 15 € hay 1,36 € de IVA que le sigues debiendo a Hacienda; el cliente simplemente no tiene que hacer cuentas.
La misma comida. El mismo impuesto. Una sensación completamente distinta al final de la cena.
Lo que dice la ley en cada sitio (mira esto primero)
Antes de pensar en estrategia, comprueba si tienes algo que decidir. Así está el asunto en 2026:
| Dónde trabajas | Qué exige la ley |
|---|---|
| España y resto de la UE | El precio que ve el consumidor tiene que llevar el IVA y el resto de impuestos incluidos (Directiva 98/6/CE y, en España, el Real Decreto 3423/2000 y el artículo 60 de la ley de consumidores). El IVA incluido es obligatorio. |
| Canarias, Ceuta y Melilla | La misma regla de precio final, pero con IGIC o IPSI en vez de IVA. |
| Reino Unido | El precio al consumidor tiene que llevar el IVA incluido. Misma norma, mismo resultado. |
| Australia / Nueva Zelanda | Obligatorio enseñar el precio con el GST dentro. |
| Japón | Desde abril de 2021 es obligatorio mostrar el precio total con impuestos. |
| EAU / Arabia Saudí | Los precios expuestos tienen que llevar el IVA incluido. |
| Estados Unidos y Canadá | El impuesto se suma en caja por defecto. Algunos estados de EE. UU. permiten el precio con impuesto dentro si pones un cartel claro. |
Dos cosas para quedarse. La primera: la costumbre de enseñar el precio sin impuestos, que en Norteamérica parece lo más normal del mundo, es rarísima fuera de allí. La segunda: si trabajas en España, la primera fila no te deja margen, así que la pregunta de verdad es otra.
¿Puede un restaurante en España poner los precios de la carta sin IVA?
Con clientes de a pie, no. Con empresas, sí. Y esa diferencia es toda la norma.
El artículo 60 de la ley de consumidores y el Real Decreto 3423/2000 dicen lo mismo con distintas palabras: al consumidor final se le enseña el precio total, con impuestos incluidos, antes de que decida. Vale para la carta de la puerta, la de dentro, la pizarra, la web, la carta QR y cualquier cartel de oferta. Un "13,64 € + IVA" en la carta de un restaurante no es otra forma de poner precios: es una infracción de consumo.
Donde sí puedes desglosar es en el B2B. Un presupuesto de catering para una empresa, una comida de trabajo con factura o un evento corporativo se cotizan de forma normal como base imponible más IVA, porque quien recibe el servicio no es un consumidor final. Y en la factura el desglose es obligatorio de todas formas: base, tipo y cuota en líneas separadas.
Fuera de la UE la cosa cambia. En Estados Unidos, por ejemplo, estados como Washington, Minnesota o California dejan que un local venda a precio con impuesto dentro siempre que lo diga en un cartel bien visible. El patrón se repite en todas partes: puedes meter el impuesto dentro del precio, pero nunca puedes esconderlo. Lo sigues calculando, lo sigues declarando y lo sigues ingresando.
Un aviso. La normativa de hostelería tiene mucha parte autonómica y no la escribe un blog. Antes de mandar una carta a imprenta, confírmalo con tu gestoría o con la oficina de consumo de tu comunidad. Cinco minutos de llamada valen más que una inspección.
Cuándo compensa el precio con IVA incluido
Cuando sí te toca elegir (un presupuesto, una barra de festival, un local fuera de la UE), estas cuatro situaciones piden meter el impuesto dentro.
1. Barras y sitios de mucho volumen. Una caña de 3 € que se queda en 3 € vale dinero de verdad un viernes lleno. Sin monedas, sin buscar cambio, sin "son 2,87 €". Los camareros sirven más rápido, la caja cuadra mejor y la cola avanza. Por eso justamente existe la excepción de barra en varios sitios del mundo.
2. Food trucks, ferias y barras de estadio. Los números redondos lo son todo cuando sirves a 400 personas en dos horas. El efectivo se cobra limpio y el datáfono va más rápido.
3. Menús cerrados, catering y eventos. Cuando presupuestas una boda a 95 € por cubierto, el cliente oye 95 €. Luego llega la factura a 104,50 € por cubierto y la conversación se pone incómoda. Da el número final y pareces organizado en vez de listillo.
4. Locales con mucho turista. Este está infravalorado. Un cliente alemán, francés o japonés no ha visto en su vida que un precio suba en caja. Para él, un impuesto sumado al final no se lee como algo normal, se lee como un truco. Si buena parte de tus clientes llega en avión, el precio final quita un roce que no vas a poder explicar en la mesa. Es la misma idea que hay detrás de las cartas QR multiidioma para turistas: sal al encuentro del cliente donde ya están sus expectativas.
Cuándo el precio sin IVA sigue ganando
Seamos justos: hay motivos reales para que en Norteamérica la costumbre haya aguantado.
- Comparar precios. Tu hamburguesa de 14 € al lado de la de 15 € con todo incluido del de enfrente parece mejor precio en Google, en las apps de reparto y en la foto de la carta del escaparate. El cliente compara el número que ve, no el que paga.
- Los precios acabados en ,95 sobreviven. 14,95 € hace un trabajo psicológico que 16,09 € no hace. Con el impuesto por fuera, el número bonito lo eliges tú. Con el impuesto dentro, el número bonito tiene que salirte después de dividir, y eso te obliga a rehacer todos los precios de la carta.
- Margen claro para tu equipo. Cuando el precio de la carta es el precio neto, tu porcentaje de food cost se lee de un vistazo, sin cuentas hacia atrás. Si ya estás metido en el coste por plato, esto te ahorra un paso.
- Varios locales con impuestos distintos. Un grupo con locales en la Península y en Canarias tiene un 10% de IVA en unos sitios y un 7% de IGIC en otros. Con precio neto compartido, la carta es la misma en todas partes. Con precio final, o imprimes una carta distinta por local o te comes la diferencia.
El cambio de 2026: todo va hacia el precio final
Aquí está la tendencia que merece atención. Los últimos años se han ido cerrando, uno a uno, todos los sitios donde aparecía un número sorpresa al final. Ninguna de estas normas mete el impuesto en la carta (en España ya está dentro), pero la dirección no deja lugar a dudas.
- Veri*factu (Real Decreto 1007/2023, con los plazos del Real Decreto 254/2025) entra desde el 1 de enero de 2026 para sociedades y desde el 1 de julio de 2026 para autónomos y el resto. Tu software de facturación tiene que registrar cada factura con base, tipo y cuota separados, y ya no se puede tocar después.
- La directiva Ómnibus se aplica desde el 28 de mayo de 2022. Cualquier descuento tiene que enseñar el precio más bajo de los últimos 30 días, así que ya no vale inflar el precio la semana antes de la oferta.
- Los recargos por pagar con tarjeta están prohibidos (Real Decreto-ley 19/2018). El coste del datáfono va dentro de tu precio, nunca encima de la cuenta.
- Los suplementos, a la vista. Terraza, cubierto, pan, mesa junto a la ventana: la normativa de hostelería de las comunidades exige que cualquier suplemento esté indicado en la carta antes de que el cliente se siente, no en la cuenta cuando ya no tiene salida.
- La factura electrónica entre empresas llega con la Ley 18/2022 (Crea y Crece). Cuando entre en vigor su reglamento, toda factura B2B irá en formato estructurado, con base, tipo y cuota en campos, no en un PDF suelto.
Léelo todo junto y el mensaje al hostelero es claro: el número que ve el cliente tiene que parecerse lo máximo posible al número que paga. En España el IVA ya está dentro por ley. Lo que se está cerrando ahora es todo lo demás. Y si vas a rehacer la carta para cumplir con los suplementos, es el momento natural de revisar también los precios.
El error de cuentas que cuesta dinero de verdad
Esta parte hay que leerla dos veces. Trabajar con precio final significa sacar el impuesto de dentro del precio, y mucha gente lo hace al revés.
Mal: 15,00 € de precio × 10% = 1,50 € de IVA. Bien: 15,00 € ÷ 1,10 = 13,64 € de base. IVA = 1,36 €.
La fórmula es:
IVA = precio × tipo ÷ (1 + tipo)
Esos 14 céntimos de diferencia parecen nada. Multiplícalos por 300 cubiertos al día y son unos 42 € diarios, cerca de 15.000 € al año: dinero que o le has pagado de más a Hacienda o no se lo has cobrado al cliente. Ninguna de las dos cosas es agradable de descubrir en una inspección.
La misma lógica al revés cuando pones precios. Para que un plato se quede clavado en 15 € con el 10% dentro, tu base tiene que ser 13,64 €, no 13,50 €. Falla eso en una carta de 60 platos y la desviación se nota a fin de mes.
Cómo cambiar sin perder margen
- Ten claro tu tipo real. El 10% de hostelería en la Península y Baleares, el 7% de IGIC en Canarias, el IPSI en Ceuta y Melilla. No des por hecho que todo lo que vendes va al mismo tipo.
- Separa por categorías. La comida y la bebida que se consumen en el local van al 10%, incluido el vino de la copa. Pero una botella cerrada que vendes para llevar es una venta de producto y va al 21%, y el pan común, la leche o el aceite de oliva que vendas en el mostrador pueden ir al 4%. Un tipo único para todo te rompe los números sin que te enteres.
- Saca el impuesto bien. Usa la fórmula de arriba, tipo por tipo.
- Redondea a números limpios, no conviertas y ya. 13,50 € de base más el 10% son 14,85 €. No imprimas 14,85 €. Decide entre 14,50 € (absorbes 35 céntimos) y 15,00 € (ganas 15). Convertir a lo bruto te deja la carta más fea del barrio. Este es el momento de hacer una pasada de verdad de ingeniería de menú y poner precios con intención, no con una calculadora.
- Deja claro qué incluye el precio. Un "IVA incluido" en la carta y cualquier suplemento indicado al lado del plato. En la carta, no en la cuenta.
- Comprueba que tu TPV lo hace bien. No todos los sistemas manejan el impuesto incluido por producto, y algunos redondean por línea en vez de por ticket, lo que se desvía unos céntimos en cada cuenta. Prueba con un pedido de seis líneas antes de dar el paso.
- Cuidado con las apps de reparto. Aquí está la trampa. El precio que subes a Glovo, Uber Eats o Just Eat ya es un precio final con IVA, igual que el de tu carta, pero la comisión de la plataforma se calcula sobre ese precio final, no sobre tu base, y encima la comisión lleva su propio 21%. Si subes la carta tal cual, estás pagando comisión también sobre un impuesto que no es tuyo. Por eso casi nadie usa los mismos precios dentro y fuera.
Una nota práctica sobre el punto 6: aquí es donde una carta digital se gana el sueldo. En Tabres el impuesto se configura por local, con un interruptor de "sumar al precio de la carta", así que puedes llevar precio final en un sitio y precio sin impuesto en otro sin mantener dos cartas. Es gratis, motor de impuestos incluido, y aquí está el porqué. Uses el sistema que uses, lo que necesitas es lo mismo: tipos por local, clases por categoría y un interruptor claro de con impuesto o sin él.
¿El precio con IVA incluido perjudica las propinas?
Menos de lo que crees, y en España bastante poco.
La costumbre norteamericana es dejar entre un 15% y un 20% calculado sobre la base, antes de impuestos, y allí la discusión sí existe. En España la propina es voluntaria, no es un porcentaje fijo y casi siempre es un redondeo: dejar el cambio, uno o dos euros por persona en un menú del día, un 5% o un 10% en un sitio de mantel.
Y ahí el precio final juega a tu favor. Cuando la cuenta acaba en 47 €, el cliente redondea a 50 € sin pensarlo. Cuando acaba en 47,32 € porque alguien ha ido sumando cosas al final, el cliente se queda mirando el número, hace cuentas y ya no redondea.
La respuesta honesta: el efecto es pequeño y depende mucho de qué clientes tengas. El riesgo de verdad no es el porcentaje, es un ticket que no desglosa el impuesto con claridad y deja al cliente sin saber sobre qué está dejando la propina. Asegúrate de que tu ticket enseña base, IVA y total en líneas separadas: Veri*factu te lo va a exigir igual y de paso quita las dudas. Y si dividir cuentas ya es un follón cada noche para tu equipo, aquí tienes cómo llevar las cuentas divididas sin dramas.
Preguntas frecuentes
¿Es legal poner los precios de la carta sin IVA en España? Con consumidores, no. El precio que ve el cliente tiene que ser el precio total, con impuestos incluidos, en la carta, la web y cualquier cartel. Sí puedes desglosar base y IVA en presupuestos y facturas a empresas, porque ahí el destinatario no es consumidor final.
¿Cómo calculo el IVA que hay dentro de un precio final? Divide, no multipliques. IVA = precio × tipo ÷ (1 + tipo). Un plato de 15,00 € al 10% lleva dentro 1,36 € de IVA, no 1,50 €.
¿Los precios de reparto y para llevar llevan el IVA incluido? Sí, igual que en el local: el cliente siempre ve el precio final. Ojo con el tipo, que no siempre es el mismo. La comida preparada para llevar sigue al 10%, pero una botella cerrada de vino va al 21%.
¿Tengo que reimprimir la carta si cambia el tipo de IVA? Sí, y de golpe. Con precio final, un cambio de tipo deja mal todos los precios a la vez, como se vio con las subidas y bajadas del IVA de los alimentos de los últimos años. Es el argumento práctico más fuerte a favor de una carta digital, y merece la pena ponerlo al lado de lo que te cuestan de verdad las reimpresiones en un año.
¿Qué es mejor para un restaurante que abre ahora? En España no hay elección: precio final. Lo que sí eliges es cómo lo presentas. Sigue la costumbre de tu zona, porque el cliente te compara con el local de al lado, no con la teoría. Sepárate de la norma solo cuando tengas un motivo concreto: una barra, un food truck o una sala llena de turistas.
No hay una respuesta buena para todo el mundo, pero sí hay una respuesta buena para tu restaurante. En España y en la UE la ley decide por ti. Donde de verdad eliges (un presupuesto de catering, una barra de festival, un local fuera de la UE), hazte una sola pregunta: ¿tu cliente necesita más un número bajo para comparar o un número final del que fiarse?
Los sitios de mantel, las barras, los eventos y los locales de turistas casi siempre quieren confianza. La comida rápida, el reparto y cualquier sitio donde el cliente compare precios en el móvil casi siempre quieren la comparación. Elige una y aplícala en todo: carta, web, código QR, pizarra de la puerta. Y que el número no cambie nunca entre la carta y la cuenta. El cliente perdona mucho antes un precio alto que un precio sorpresa.
Y vayas por donde vayas, revisa las cuentas antes de imprimir. Divide, no multipliques.
Las normas de IVA, IGIC e información de precios cambian a menudo y tienen parte autonómica. Confirma tus obligaciones actuales con tu gestoría o con la Agencia Tributaria antes de tocar los precios de la carta.