20 ideas de texto para la cabecera y el pie de la carta: bienvenidas, normas de la casa y promociones (2026)
Hay dos bloques de texto en tu carta digital que lee casi todo el mundo y que casi todos los restaurantes dejan en blanco. Uno va encima de la primera categoría. El otro va debajo del último plato. La cabecera es lo primero que ve alguien después de escanear el código de la mesa. El pie es lo último que ve antes de dejar el móvil boca abajo y volver a la conversación.
Respuesta corta: en la cabecera, una bienvenida corta y una instrucción útil — dos líneas, de 15 a 25 palabras, nada de párrafos. En el pie, las normas de la casa, los avisos legales y el "y ahora qué" — alérgenos, el aviso del pescado crudo si sirves algo sin cocinar, suplementos, formas de pago, wifi, redes y reseñas. Escríbelo en todos los idiomas que publiques, no solo en español. La cabecera, por debajo de 200 caracteres. El pie, por debajo de 800. Y cambia la línea de promoción cuatro veces al año, porque un mensaje que no cambia nunca deja de leerse.
Esa es la forma. Debajo tienes 20 ideas de texto para la cabecera y el pie con frases que puedes copiar tal cual, además de las líneas que molestan sin que te enteres y las que la ley española te obliga a poner.
Cabecera o pie de la carta: qué va en cada sitio
Equivocarse aquí es el fallo más común. La gente mete el aviso de alérgenos y el horario en la cabecera, y un cliente que solo quería ver las hamburguesas tiene que pasar un muro de texto para llegar a la comida.
Este reparto funciona:
| Bloque | Su trabajo | Longitud | Qué va ahí |
|---|---|---|---|
| Cabecera | Dar la bienvenida, situar, marcar una expectativa | 15–25 palabras, 1–2 líneas | Saludo, quién eres, cómo se pide, la sugerencia del día, aviso de idiomas |
| Pie | Normas, letra pequeña, qué hacer después | 60–120 palabras | Alérgenos, aviso de pescado crudo, suplementos e IVA, formas de pago, wifi, redes, petición de reseña, horario, dirección |
La regla que hay detrás de la regla: la cabecera se interpone entre un cliente con hambre y la comida. Cóbrale alquiler. Cada palabra de ahí arriba tiene que ganarse el sitio, porque está retrasando la cena.
El pie es justo lo contrario. Quien llega al pie ya ha bajado por toda la carta. Está tranquilo, está mirando, y es exactamente la persona que sí va a leer una nota sobre tu oferta de los martes.
La regla de la cabecera: dos líneas, un solo trabajo
Una buena cabecera hace una cosa bien. No cuatro cosas mal.
Mira la diferencia:
Flojo: "¡Bienvenidos a nuestro restaurante! Abrimos de lunes a domingo, de 13:00 a 23:30. Trabajamos solo con producto fresco. Por favor, informe al camarero de cualquier alergia. ¡Síguenos en Instagram! También hacemos catering y eventos privados. Contraseña del wifi: invitado2026."
Fuerte: "Bienvenidos a Casa Vera. Todo se cocina en el momento, así que danos unos minutos: merece la pena."
La segunda tiene 18 palabras. Da la bienvenida, explica la espera antes de que nadie se impaciente y tiene algo de carácter. Todo lo demás de la primera versión va en el pie, donde no está pisando la comida.
Una cosa más antes de la lista. Escribe como una persona, no como una empresa. "Estaremos encantados de atenderle" es una frase que nadie ha dicho nunca en voz alta. "Qué bien que hayas venido" sí. Lee tu cabecera en alto: si te daría vergüenza decírselo a alguien en la puerta, reescríbela.
Mensajes de bienvenida: ideas 1–7
1. La bienvenida sencilla y cercana
La opción más segura, y aun así mejor que una caja vacía. Di cómo se llama el sitio, añade una sensación y para.
"Bienvenidos a Café Norte. Sin prisa: aquí no corre nadie."
"Hola. Qué bien que nos hayas encontrado. Todo lo de esta carta se hace aquí."
Por qué funciona: convierte una pantalla en un saludo. Quien escanea un código y aterriza en una lista pelada de precios siente que está usando una máquina expendedora. Con nueve palabras se arregla.
2. Quién eres, en una línea
Tienes una historia. La mayoría de los restaurantes la entierran en una página "Sobre nosotros" que no abre nadie. La carta es donde la gente está de verdad.
"Negocio familiar desde 1998. Tercera generación en la cocina, las mismas recetas."
"Un cocinero, un horno de leña y lo que hubiera hoy en el mercado."
Que sea una sola línea y que sea concreta. "Nos apasiona la cocina" no dice nada: eso lo firmaría cualquier restaurante del mundo. "La misma masa madre desde 2011" es un dato, y los datos se quedan.
3. Cómo se pide aquí
La cabecera más infravalorada de esta lista. Si tu forma de pedir no está clara, el cliente duda, y un cliente que duda pide menos.
"Se pide en la barra y te lo llevamos. El número de mesa está en la tarjeta."
"Mira la carta y haz una señal: un camarero te toma nota."
"Pide y paga desde el móvil. La mesa ya está preparada."
Esta sola línea acaba con el momento incómodo de "¿voy a la barra o espero?", que te cuesta cinco minutos en cada mesa. Es especialmente útil si acabas de pasarte a pedir desde la mesa y la mitad de tus clientes de siempre esperan lo de antes.
4. De dónde viene la comida
El producto vende, y vende mejor en ocho palabras que en un párrafo.
"Pescado de la lonja de esta mañana. Verdura de la huerta de los Vicente, a 15 km."
"Pan hecho aquí a las cinco de la mañana. Cuando se acaba, se acaba."
Dos avisos. Escribe esto solo si es verdad, porque alguien va a preguntar y tus camareros tienen que poder sostenerlo. Y di el nombre de la huerta, del barco o del pueblo. Lo vago ("producto de proximidad") suena a marketing. Lo concreto suena a orgullo.
5. La bienvenida para turistas
Si estás cerca de cualquier ruta turística, esta cabecera hace más por tu ticket medio que cualquier otra cosa que escribas.
"¡Bienvenidos! Carta en inglés, alemán y francés: cambia el idioma arriba. Todos los precios llevan el IVA incluido."
"Welcome! Toca la bandera para cambiar de idioma. Sin suplementos ni cargos añadidos."
Tres cosas en una línea: un saludo, el aviso de que la carta cambia de idioma y la respuesta a lo que de verdad les preocupa, que es el dinero. Al turista le da más miedo que le cobren de más que la comida en sí. Contéstalo antes de que pregunte.
Si trabajas con visitantes a diario, merece la pena leer sobre cartas QR en varios idiomas para turistas: la cabecera solo sirve si el cambio de idioma que promete existe de verdad.
6. La nota de "algo ha cambiado"
Carta nueva, cocinero nuevo, horario nuevo, reapertura después de obras. Los de siempre se dan cuenta, y es mejor que se enteren por ti.
"Carta nueva de otoño, desde hoy. Tus platos de siempre siguen en Clásicos."
"Cocinero nuevo, platos nuevos. El arroz del domingo sigue igual, que no somos tontos."
Esta caduca. Ponte un recordatorio para quitarla a las tres o cuatro semanas, o se convierte en una mentira.
7. La línea de "¿no sabes qué pedir?"
Decidir cansa, y un cliente atascado entre seis segundos acaba pidiendo el más barato o el que más le suena. Una cabecera puede empujarle.
"¿Primera vez? Pide las carrilleras. No se ha arrepentido nadie."
"Las sugerencias del cocinero llevan una estrella. Empieza por ahí."
Esto es venta sugerida educada, hecha una sola vez, arriba, sin que un camarero tenga que actuar. Señala un plato del que estés orgulloso y que además tenga buen margen, que es una decisión de ingeniería de menú más que de escritura.
Normas de la casa que no suenan a normas: ideas 8–14
Aquí está el truco con las normas. Al cliente no le importa que le expliquen cómo van las cosas. Lo que le molesta es que le regañen. Cada línea de abajo se puede escribir de las dos formas, y la diferencia se nota en las propinas y en las reseñas.
8. La línea de los alérgenos: el texto más importante de tu carta
Si este año escribes una sola línea del pie, que sea esta.
"¿Tienes alguna alergia o intolerancia? Dínoslo antes de pedir y repasamos la carta contigo."
En España esto no es una buena idea: es una obligación. El Reglamento (UE) 1169/2011 fija los 14 alérgenos que hay que declarar —cereales con gluten, crustáceos, huevos, pescado, cacahuetes, soja, leche, frutos de cáscara, apio, mostaza, sésamo, sulfitos, altramuces y moluscos— y el Real Decreto 126/2015 exige que esa información esté por escrito y al alcance del cliente antes de que pida: en la carta, en una pizarra o en la carta digital. No hay excepción por tamaño: un food truck cumple lo mismo que un hotel de 200 cubiertos. Quien inspecciona es tu comunidad autónoma, así que confirma la forma exacta con tu consejería de sanidad en vez de copiar la mía.
Dos motivos más para tomárselo en serio. Un cliente que no consigue una respuesta no pide nada, o se va. Y una carta digital puede hacerlo muchísimo mejor que una nota a pie de página: marcar los alérgenos plato a plato gana siempre a un muro de texto. Declarar los alérgenos en una carta digital explica cómo montarlo, y qué exige exactamente la normativa española y europea tiene su propio artículo.
9. El aviso del pescado crudo (obligatorio en España)
Si sirves pescado crudo o casi crudo —boquerones en vinagre, sushi, ceviche, tartar, carpaccio, sardinas marinadas— tienes que congelarlo antes y decírselo al cliente. Lo piden el Real Decreto 1420/2006 y el Reglamento (CE) 853/2004. Este es el clásico asterisco del pie de la carta.
"*El pescado que servimos crudo o marinado ha sido sometido a congelación previa, conforme al Reglamento (CE) 853/2004."
Marca con el asterisco los platos que toque y pon el aviso en el pie. No es un adorno opcional, y es justo de las cosas que mira un inspector. Confirma la redacción con la consejería de sanidad de tu comunidad, porque cambia de un sitio a otro y se actualiza.
Y ya que estás: si haces mayonesa, salsas o postres con huevo que no se cocinan del todo, en España tienes que usar huevo pasteurizado (Real Decreto 1254/1991). Eso no hace falta escribirlo en la carta, pero sí cumplirlo en la cocina.
10. "Todo se cocina en el momento"
Esta línea evita más malas reseñas que cualquier otra frase de este artículo.
"Cada plato se hace cuando lo pides. Los días fuertes, los segundos tardan entre 20 y 25 minutos. Gracias por esperar."
Decir el número es todo el truco. A quien le dices "20 minutos" y espera 22 está tranquilo. A quien no le dices nada y espera 18 empieza a mirar el móvil en el minuto 10. La expectativa gana a la velocidad casi siempre, que es justo la razón de que "¿es normal esperar 45 minutos?" sea una queja tan repetida.
11. Suplementos, IVA y propinas: dilo antes de la cuenta
Las sorpresas con el dinero al final de una buena comida son la forma más rápida de convertir una mesa feliz en una reseña de una estrella.
"Suplemento de terraza: 10%. Lo ponemos aquí para que lo sepas antes de pedir."
"Sin suplementos ni cargos ocultos. Todos los precios llevan el IVA incluido. La propina, si la dejas, se reparte entre todo el equipo."
Y hay una parte legal. En España el precio que enseñas tiene que ser el precio final: la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios (Real Decreto Legislativo 1/2007) te obliga a informar del importe total, con IVA y con todos los gastos añadidos, antes de que el cliente pida. Además, casi todas las comunidades autónomas exigen que la lista de precios esté visible y que los suplementos —terraza, cubierto, descorche— figuren en ella. Un cargo que solo aparece en el ticket no cumple, y el pie de la carta es su sitio natural.
Si todavía estás decidiendo si ponerlo o no, qué es un recargo por servicio y si te conviene cobrarlo repasa el precio de cada opción. Y si dudas con cómo enseñar el IVA en la carta, eso es otra conversación: la tienes en precios con IVA incluido o sin IVA.
12. Formas de pago y mínimos con tarjeta
Cuesta poco escribirlo y te ahorra una discusión por semana.
"Tarjeta, Bizum y efectivo. Sin mínimo."
"Solo tarjeta o Bizum: no guardamos efectivo en el local."
"Mínimo 10 € con tarjeta, lo sentimos. Negocio pequeño, márgenes pequeños."
La última funciona porque se explica sola. Una norma con un motivo se recibe de una forma completamente distinta a una norma sin él.
Un apunte: cobrar de más por pagar con tarjeta está prohibido en España (Real Decreto-ley 19/2018). El mínimo tampoco te lo va a aplaudir nadie, así que si lo pones, que se vea y que se explique.
13. Dividir la cuenta: di tu política desde el principio
Los grupos se preocupan por esto desde que se sientan, y preguntarlo al final da corte.
"Dividimos la cuenta como queráis. Solo avisadnos al pedir."
"Podemos dividir hasta en 4 tarjetas por mesa. A partir de ahí, un solo pago, por favor."
Incluso la versión restrictiva está bien cuando está escrita. Solo molesta cuando llega de sorpresa después del postre. Si dividir cuentas es un dolor de cabeza habitual en tu sala, cómo gestionar las cuentas divididas tiene la parte operativa.
14. Grupos grandes, tiempo de mesa y las normas pequeñas
Descorche, tartas de cumpleaños, perros, portátiles, tiempo máximo de mesa. El tema favorito de nadie, y mucho mejor por escrito que en una conversación tensa.
"Los viernes y sábados por la noche la mesa es vuestra 2 horas. Entre semana, quedaos lo que queráis."
"¿Traéis tarta? 2 € por persona por los platos y las velas. ¿Traéis vino? Descorche, 8 €."
"Perros, bienvenidos en la terraza. Portátiles, bienvenidos antes de las 12:00."
Escríbelas con la voz de quien te está haciendo un favor, no de quien dicta la ley. "La mesa es vuestra 2 horas" y "tiempo máximo de mesa: 2 horas, sin excepciones" dicen lo mismo y caen en sitios completamente distintos.
Promociones y siguiente paso: ideas 15–20
El pie es el único sitio de tu carta donde una promoción no parece un anuncio, porque el cliente ya ha elegido estar ahí.
15. La sugerencia del día o la hora feliz
"Hora feliz de 18:00 a 20:00: 1 € menos en todas las bebidas. Sí, también en la ginebra buena."
"Menú del día hasta las 16:00: primero, segundo y café, 14,50 €."
Ponle una hora. Una promoción sin fecha límite es solo un precio. Deja esto en la cabecera si es urgente y cambia a diario, y en el pie si es algo fijo de cada semana.
16. La oferta para el día flojo
Mira cuál es tu peor día. Ahora escribe una línea que lo arregle.
"Los martes hay poca gente, así que toda la pasta a 9 € hasta cerrar. Cuéntaselo a quien quieras."
"Domingos a mediodía: los niños comen gratis con cualquier segundo. Nos hace falta el ruido."
La sinceridad es el marketing. Los clientes ya saben que los martes no hay nadie, y decirlo en voz alta hace que la oferta parezca una invitación en vez de un descuento. Si los días flojos son tu problema de verdad, hay más en cómo llenar mesas vacías entre semana.
17. La línea del wifi
La línea del pie más leída de cualquier cafetería, y la que salva a tu equipo de deletrear una contraseña quince veces por turno.
"Wifi gratis: CafeNorte_Invitados. Sin contraseña."
"Wifi: CafeNorte_Invitados / Contraseña: cafeconleche2026"
Mejor todavía: acompáñala de un código en la mesa para que nadie tenga que teclear nada. Cómo hacer un código QR de wifi para las mesas te lleva cinco minutos.
18. Síguenos, pero con un motivo
"Síguenos en Instagram" es papel pintado. Nadie sigue a un restaurante porque se lo pida.
"@cafenorte: subimos la pizarra de sugerencias cada mañana a las 8."
"Síguenos para ver la carta del viernes. Sinceramente, es el único motivo."
Dale a la gente un trabajo que la cuenta hace por ellos. "Mira mañana las sugerencias antes que nadie" es un beneficio. "Síguenos" es un recado.
19. Pedir reseña: solo en el pie, y corto
El pie es exactamente el sitio, porque el cliente llega ahí después de comer y no antes.
"Si te ha gustado, una reseña en Google nos ayuda más de lo que parece. Son 10 segundos."
Decir cuánto tiempo cuesta baja la barrera más que cualquier fórmula educada. No lo pongas nunca en la cabecera: pedir una reseña antes de que llegue la comida es la forma más rápida de parecer poco serio. Si las reseñas te mueven las reservas, cómo conseguir más reseñas en Google es la foto completa.
20. "Hacemos más cosas además de esta sala"
Casi ningún cliente sabe que haces catering, que repartes o que alquilas el local. Tu pie es publicidad gratis para gente a la que ya le caes bien.
"Repartimos en 3 km, de 20:00 a 23:00. Pide en cafenorte.com."
"Alquilamos el local para grupos de hasta 30. Pregúntanos o escribe a [email protected]."
"¿Estamos cerrados? La cocina acepta encargos para mañana."
Para la mayoría de los restaurantes esta es la línea más rentable de todo el pie, y la que más veces falta. Pon el horario y los límites para que nadie se lleve un chasco: cómo fijar gastos de envío, pedido mínimo y zonas de reparto explica de dónde salen esos números.
Seis reglas para escribir el texto
1. Una idea por línea. Un pie con seis líneas cortas se lee. Un pie que es un párrafo largo se salta entero.
2. La cabecera, por debajo de 200 caracteres. Eso son unas dos líneas en el móvil. Más largo y estás empujando tu primera categoría fuera de la pantalla, que te cuesta pedidos: lo de arriba es tu espacio más valioso, como cuenta con más detalle el diseño de una carta digital.
3. El pie, por debajo de 800 caracteres. Casi todas las herramientas te dejan mucho más, un par de miles de caracteres es lo normal. Eso es un límite, no un objetivo.
4. Escribe las normas como favores. "Podemos hacer X" gana a "no hacemos Y" siempre, aunque signifiquen exactamente lo mismo.
5. Nada de exclamaciones en plural. Una queda simpática. Tres hacen que tu restaurante parezca nervioso.
6. Léelo en alto. Si suena a página de condiciones legales, es que lo es. Reescríbelo como lo diría alguien recibiendo en la puerta.
Escríbelo en todos los idiomas que publiques
Aquí es donde se caen casi todas las cartas multiidioma. Se traducen los nombres de los platos, y la cabecera y el pie se quedan en español: así, un cliente alemán se encuentra una carta perfectamente traducida con la bienvenida y el aviso de alérgenos en español encima.
Es el peor resultado posible, porque la línea de los alérgenos es justo el texto que un cliente necesita entender de verdad.
Tres cosas que conviene hacer bien:
- Traduce el sentido, no las palabras. Una bienvenida cálida en español traducida al pie de la letra suele sonar rígida o rara en otro idioma. Que la reescriba alguien nativo.
- Adapta las normas, no solo el idioma. Las costumbres con la propina, con el IVA y con el descorche no se parecen en nada entre España, Estados Unidos y Países Bajos. Un pie que dice "las propinas siempre se agradecen" tiene sentido en Nueva York y suena rarísimo en Ámsterdam, donde al personal se le paga de otra forma.
- Mira cuánto ocupa. El alemán y el neerlandés son bastante más largos que el español. Una cabecera que en español son dos líneas limpias puede convertirse en cuatro en alemán y tirar tu primera categoría fuera de la pantalla.
Las herramientas de carta buenas guardan el texto de cabecera y de pie por idioma, así que puedes escribir un mensaje distinto en cada uno en vez de traducir una sola cadena. Aprovéchalo bien: cómo traducir la carta de tu restaurante cuenta el trabajo entero.
Qué no poner nunca en una cabecera o un pie
Todo esto lo he visto en cartas reales.
- Tu horario completo en la cabecera. Quien está leyendo tu carta suele estar ya sentado en tu restaurante. Ya sabe que estás abierto.
- Un muro de texto legal arriba. Los alérgenos y el aviso del pescado crudo van en el pie, debajo de la comida, donde no tapan nada.
- "Rogamos paciencia con nuestro personal." Se lee como un aviso de que el servicio va a ser malo.
- Precios o promociones caducados. Una "oferta de verano" ahí puesta en noviembre le dice al cliente que nada de esta carta está al día.
- La contraseña del wifi que cambiaste el mes pasado. Alguien la va a probar. Alguien se va a quejar.
- Un párrafo sobre tu filosofía. Nadie escanea un QR con la ilusión de leer una declaración de intenciones.
- "Precios sujetos a cambio sin previo aviso." Cierto en todos los restaurantes que han existido jamás. No aporta nada y suena a la defensiva.
- Nada en MAYÚSCULAS más allá de tres palabras. No transmite urgencia. Transmite que estás gritando.
- Un teléfono sin un motivo para llamar. Dale un trabajo: "Llámanos para grupos de más de 8."
- Emojis en lugar de palabras. Uno vale. Una fila entera hace que un aviso legal parezca poco serio, y se lee fatal en los lectores de pantalla.
Cambia la línea de promoción cuatro veces al año
El texto de la cabecera y del pie es el marketing más barato que tienes. A diferencia de una carta impresa, cambiarlo no cuesta nada y lleva dos minutos, y aun así la mayoría de los restaurantes lo escribieron una vez en 2023 y no lo han vuelto a mirar.
Un calendario que funciona:
| Cuándo | Cabecera | Pie |
|---|---|---|
| Primavera | Platos de temporada, terraza abierta | Horario de terraza, oferta de domingo |
| Verano | Bebidas frías, terraza, aviso de idiomas | Horario de reparto, wifi, redes |
| Otoño | Carta nueva, platos de cuchara | Alquiler del local para comidas de empresa |
| Invierno | Carta de Navidad, horario de fiestas | Reservas de grupo, ideas de regalo, petición de reseña |
Las líneas fijas —alérgenos, aviso del pescado crudo, suplementos, formas de pago— se quedan todo el año. Solo rotan la línea de arriba y la de la promoción. Diez minutos, cuatro veces al año.
Cómo saber si funciona
Un mensaje de bienvenida no se puede probar como una página de ventas, pero tampoco vas a ciegas.
Mira hasta dónde baja la gente. Casi todas las plataformas de carta digital te dicen a qué categorías llegan los clientes. Si tu cabecera pasó de dos líneas a seis y ahora llega menos gente a la segunda categoría, la cabecera es el motivo.
Cuenta las preguntas que tus camareros dejan de recibir. Esta es la señal de verdad, y llega en el mismo turno. Cuando "¿cuál es el wifi?" y "¿dividís la cuenta?" desaparecen de la sala, el pie está haciendo su trabajo.
Vigila el plato que señalaste. Si tu cabecera dice "pide las carrilleras" y las carrilleras no se mueven en dos semanas, o la línea no se está leyendo o el plato no es la estrella que tú crees. Los informes de los más vendidos te lo dicen en un minuto.
Lee tus reseñas del último mes. Las quejas por tiempos de espera, por cargos inesperados o por "nadie nos avisó" suelen ser un problema del pie disfrazado de problema de servicio.
Cambia una cosa cada vez. Si cambias la cabecera, el pie y los precios la misma semana, no vas a saber nunca cuál movió la aguja.
Preguntas frecuentes
¿Qué pongo en la cabecera de la carta de un restaurante? Una bienvenida corta y una instrucción útil: de 15 a 25 palabras, dos líneas como mucho. Di cómo se llama tu sitio, añade una línea con carácter y marca una expectativa, como la forma de pedir o lo que tarda la comida. Las normas y los textos legales, al pie.
¿Qué tiene que llevar el pie de una carta digital? El aviso de alérgenos, el aviso del pescado crudo si sirves algo sin cocinar, la información de suplementos e IVA, las formas de pago que aceptas, los datos del wifi y una llamada a la acción, como pedir una reseña o el enlace de reparto. En líneas cortas y separadas, no en un párrafo.
¿Cuál es un buen mensaje de bienvenida para la carta de un restaurante? Algo que dirías de verdad en la puerta. "Bienvenidos a Casa Vera. Todo se cocina en el momento, así que danos unos minutos: merece la pena" funciona porque saluda, explica y tiene voz. Evita "estaremos encantados de atenderle", que no lo dice nadie en voz alta.
¿Estoy obligado por ley a poner los alérgenos en la carta? En España, sí. El Real Decreto 126/2015 exige que la información de los 14 alérgenos del Reglamento (UE) 1169/2011 esté por escrito y al alcance del cliente antes de que pida: vale la carta, una pizarra o la carta digital. No hay excepción por tamaño de local. Confirma la forma exacta con la consejería de sanidad de tu comunidad autónoma, porque cambia de una a otra.
¿Qué es el aviso del pescado crudo? Es la nota que tienes que dar cuando sirves pescado crudo o marinado —boquerones en vinagre, sushi, ceviche, tartar, carpaccio—: ese pescado hay que congelarlo antes e informar al cliente, según el Real Decreto 1420/2006 y el Reglamento (CE) 853/2004. Marca los platos con un asterisco y pon el aviso en el pie. Confirma la redacción con tu comunidad.
¿Hay que enseñar los suplementos en la carta? Sí. En España el precio anunciado tiene que ser el precio final, con IVA y con todos los gastos añadidos, antes de que el cliente pida (Real Decreto Legislativo 1/2007). Además, casi todas las comunidades obligan a que la lista de precios esté visible con los suplementos dentro. Escribirlo evita la queja más habitual al final de la comida.
¿Cómo de largos tienen que ser los textos de la cabecera y el pie? Cabecera: por debajo de 200 caracteres, unas dos líneas en el móvil. Pie: por debajo de 800 caracteres, repartidos en líneas cortas y separadas. Casi todas las herramientas te dejan un par de miles de caracteres por bloque, pero eso es un techo, no una meta.
¿Hay que traducir la cabecera y el pie? Sí, y es la parte que más se olvida. Un cliente que lee una carta en alemán con el aviso de alérgenos en español no puede usar justo la línea que más le importa. Escribe una versión por idioma en vez de traducir una sola cadena, y comprueba que los idiomas largos no te tiran la primera categoría fuera de la pantalla.
¿Dónde pongo el horario en una carta digital? En el pie, si acaso. Quien lee tu carta suele estar ya dentro de tu restaurante. El horario importa más para recoger y para reparto, así que ponlo junto al enlace de pedidos y no arriba del todo.
¿Puedo poner una promoción en la cabecera de la carta? Sí, y es uno de los mejores usos de ese espacio, siempre que lleve una hora dentro y la quites cuando termine. "Hora feliz de 18:00 a 20:00: 1 € menos en todas las bebidas" funciona. Una "oferta de verano" que sigue ahí en noviembre te quita credibilidad en todo lo demás.
¿Cada cuánto cambio el texto de la cabecera? Rota la bienvenida y la línea de promoción unas cuatro veces al año, con las estaciones. Lo permanente —alérgenos, avisos, suplementos, formas de pago— se queda todo el año. Cada cambio son diez minutos.
¿Pido reseñas en el pie de la carta? Sí, pero solo en el pie, nunca en la cabecera. Quien ha bajado hasta el final normalmente ya ha comido. Que sea una línea y di cuánto se tarda: "Son 10 segundos" gana a cualquier fórmula educada.
Un apunte sobre las herramientas
Para esto no necesitas nada especial. Cualquier plataforma de carta digital que merezca la pena te deja poner una cabecera y un pie, y las buenas los guardan por idioma, para que cada versión se lea de forma natural y no como la traducción de una traducción.
Tabres lo hace así: un campo de texto de cabecera y otro de pie en el editor de la carta, por idioma, de hasta 2.000 caracteres cada uno, con una vista previa al lado para que veas cuántas líneas se come tu bienvenida antes de empujar la primera categoría hacia abajo. Es gratis, sin coste por local, y contamos por qué en público.
Usa la herramienta que quieras. Las 20 ideas de arriba también valen en una carta impresa, solo que ahí cambiarlas cuesta dinero.
Tu cabecera y tu pie son las únicas partes de la carta donde puedes hablar en vez de vender. Eso es más raro de lo que parece. Todo lo demás de la página es un nombre, una descripción y un precio.
Así que escribe la bienvenida que dirías en la puerta. Pon las normas donde no tapen la comida y redáctalas como favores en vez de como prohibiciones. Deja bien la línea de los alérgenos, confirma la redacción con tu comunidad autónoma y tradúcelo todo como es debido. Y ponte un recordatorio el primer día de cada estación para cambiar la línea de arriba.
Abre tu propia carta esta noche, en una mesa de verdad y en un móvil de verdad. Si la cabecera está vacía, te estás dejando los noventa segundos de trabajo más fáciles de tu restaurante. Si tiene seis líneas, estás pagando ese espacio con pedidos.